LA ÚLTIMA HABITANTE
La casa en la que vivía Clementina, lleva más de 10 años en completo silencio. Allí vivía con su marido y sus dos hijos. Ella era una mujer que le gustaba tener la casa impoluta, sin ninguna mancha de polvo y libre de desorden.
Hoy, su casa se encuentra medio derrumbada y con signos de vandalismo en su interior. Las ventanas se han roto fruto de los gritos de dolor y sufrimiento de Clementina al ver el estado de la casa.
Los vecinos de la zona comentan que de noche la vieja y olvidada casa aún sigue dando señales de vida. Pues se escuchan ruidos provenientes de la cocina, sartenes cobrando vida a las tantas de la madrugada y muebles que se mueve sin ton ni son.
Visité esta casa con mi madre cerca de la noche. Eran las 8 de la tarde y el aire se respiraba cargado de polvo. Ella habia estado de pequeña en la casa visitando a Clementina y tiempo después, visitando la casa como opción para adquirirla sin resultado.
Ella se quedó sorprendida del horrible estado en el que se encontraba y de la decadencia que inundaba cada uno de los habitáculos. A pesar del suelo estar peligroso, se arriesgó a saltear los agujeros para poder contemplar cada uno de las estancias, incluido el frío ático.
Hoy, la gente al pasar por en frente de la casa de Pontedona, aún mantiene un sudor frío y un escalofrio que recorre todo su cuerpo.
¿Y tú te atreverías a pasar la noche aquí?















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