LA HUIDA PALACIEGA II


Antes de comenzar con las fotografías, me gustaría poneros en contexto. El mes pasado, os relaté la historia del Burnay. Hoy me gustaría poneros en la piel de nuestra exploración. Para los que aún no visitasteis la entrada anterior, os recomiendo encarecidamente que lo hagáis antes de continuar leyendo.

En nuestro viaje por Lisboa, las dos baterías de mi cámara decidieron morir, dado que tenían la misma longevidad. Lo pasé bastante mal, dado que tenía que medir con precisión los disparos de la cámara para que la batería aguantase lo suficiente. Aunque llevé las dos baterías cargadas, no soportaron la incursión.

Pero comencemos por el principio, tuvimos que subir una imponente cuesta para llegar a un muro de unos tres metros e ir caminando por el borde del mismo hasta disminuir su tamaño y poder saltar sin problema a los increíbles jardines que rodeaban el palacio. 

He encontrado unas fotos antiguas de una fiesta celebrada por los Condes de Burnay en el siglo XIX. Las vestimentas de la época y los alrededores, destacan la gran importancia social y el poder adquisitivo de los propietarios.





Buscamos posibles entradas y a lo primero que accedimos, fue a las aulas. Se notaba el vandalismo en las maderas que recubrían las mesas y las butacas de las mismas. También recorriendo los pasillos, se notaba la presencia de las pintadas con tiza y de los graffitis. Muchos de los ventanales tenían los cristales rotos y también, localizamos tablas donde se notaba el interés por salvaguardar el lugar de los bárbaros. Se notaba que la reforma era posterior al resto del palacio.











El vandalismo se observa en las dos fotografías inferiores. La primera sacada en el 2023 y la segunda, en el 2024. La presencia policial es claramente visible.





Después de explorar todas las aulas, volvimos a salir en busca de una entrada al palacio. Estuvimos dando vueltas y vueltas, todos los accesos parecían tapiados o bien cerrados.

Finalmente, Virtudes consiguió trepar por un tubo que daba acceso a las galerías, dado que los ventanales eran actualmente inexistentes. A día de hoy, sigo sin entender como logró hacerlo debido a la altura. Seguimos con la coña de que "consiguió abrir un palacio a una princesa". 

Una vez dentro, accedió al teatro contiguo a las galerías y separó unos troncos de madera de una de las ventanas que daban al interior del teatro. De esta forma, pude entrar sin poner en riesgo mi vida por aquel tubo de plástico viejo. 

Solo con ver el teatro aluciné en colores, el detalle de aquellos techos y las butacas perfectamente conservadas, era un espectáculo. He de decir, que me recordó un poco a Comienza la Función, dado que el arte de las vidrieras también era significativo. 

Recorrimos el palacio antes de sacar la cámara, comprobando que no hubiese nadie y además, no hubiera alguno de nuestros amigos, los sensores; por ahí escondido.

Os juro que no sabía por donde comenzar, aparte teniendo las baterías sensibles, no podía abusar mucho de las mismas. Había gastado la primera en las clases, imaginaros los pocos disparos que podía hacer. 

Una de las zonas que más me sorprendió fueron las escaleras que daban al piso superior. El contraste del negro con las paredes amarillas junto a los detalles de las vidrieras, era sencillamente increíble.

El círculo con los ángeles en el interior retrataba la esencia del Burnay y la devoción de los Condes por lo celestial.

1933


ACTUALIDAD








Incluso el pequeño detalle de la águila como soporte de las escaleras, era increíble aunque me sorprendía la inexistencia de un pasamanos o una baranda.

Aunque la habitación que te encontrabas al subir no era tan fascinante, me gustaba imaginarme que en su momento lo fue. 




Después de subir al primer piso, podías subir a la terraza del segundo piso, donde destacaban las escaleras míticas del Burnay, las que habían dejado a todos los exploradores boquiabiertos y seguramente, las más retratadas después del vestíbulo principal.






Aunque lo más fascinante eran las vistas desde lo alto, como un mirador donde contemplar gran parte de la capital y también, si te volteabas podías cautivar la belleza de sus jardines.



Desde arriba, todo tenía otra perspectiva y resultaba fascinante pensar en el arte que albergaba el palacio y a la vez, denotaba tristeza, el estado de abandono en el que se encontraba. 




Antiguamente, la estructura contaba con capilla y un espacio de culto para los más devotos. En la actualidad, no sabemos si continúa existiendo o la derrumbaron durante la reforma.
Os dejo unas fotos de la misma cedidas por los Condes de Burnay.





Finalmente, nos entrometimos en el corazón del palacio donde los techos y las paredes te transportaban a otro planeta. Incluso la estrella que componía el suelo te hacía sentir como si estuvieses caminando realmente sobre los astros. Bajar aquellas escaleras cubiertas de un manto rojo, hacía que te sintieses dentro de un sueño vívido. 

He estado en muchos abandonos desde que comencé pero nunca había visto algo tan impresionante, sentía el arte recorriéndome las venas y esa sensación la recuerdo muy satisfactoria, sencillamente era un lugar inspirador. Imagina sentarte en las escaleras superiores con un boli y un papel, cuantos versos dedicaría a los murales que recorrían aquellos techos y paredes. 

Os dejo apreciar las instantáneas inferiores durante unos instantes antes de continuar redactando.


1933






ACTUALIDAD


















Aunque ya habíamos terminado de sacar las fotografías y mi cámara, había fallecido hace unas horas. Continuamos deleitándonos con la belleza del palacio para inmortalizar este momento siempre en nuestras mentes.
Desgraciadamente, unos topetazos en la puerta principal, hicieron que nuestras alarmas se disparasen. Alguien nos estaba dando el primer aviso. 
Nos miramos a la vez y no lo pensamos, comenzamos a correr hacia el teatro para salir del recinto lo antes posible.
Una vez fuera, pudimos respirar de nuevo. Los jardines eran muy extensos y trepar por el muro de nuevo no había sido nada fácil. 

A día de hoy, después de pensarlo mucho, llegamos a la conclusión de que alguno de los trabajadores nos había cachado en la terraza y por eso los golpes en la puerta. 

Tampoco le dimos muchas vueltas, pues habíamos conseguido entrar y verlo completamente. No todos los civiles tenían ese privilegio.

Me gustaría agradecer la colaboración de Virtudes en el blog, aportando las fotografías de algunos de los cuartos que formaban el Burnay. Mi cámara no logró sobrevivir a tanto :(

Os dejo un regalo más abajo. Espero que os haya gustado tanto la historia del palacio como nuestra aventurera exploración. 🙀










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