O CHALET DO RAPOSO

 

Imagínate una casa pequeña, que a simple vista parece humilde pero realmente, no lo es tanto. 

Era la última de la ruta, bueno ni siquiera estaba apuntada. Fuimos a una cercana y nos fijamos en ella, aquellas persianas tenían la palabra "desuso" grabadas. 

Eran como las 7 pasadas de la tarde, al menos era verano y la luz duraba hasta las 10 de la noche. 

Antes de probarla, Tiempo de Urbex fue a chequearla, luego me mandó un mensaje para decirme que valía totalmente la pena. Tuvo que volver a ayudarme a subir, aquel muro era el mismo demonio. Tenía puntos de agarre muy inestables y aparte, era muy cantoso subir, debías hacerlo con rapidez. 

A día de hoy, aún tengo las marcas de aquel muro de casi 2 metros, habría sido más fácil esperar a la noche y saltar el pequeño murito de la entrada principal pero así somos, nos gusta complicarnos. 

Una vez dentro de la finca, atravesamos una enorme finca repleta de trigo y dejamos la vieja caseta del perro detrás. Ahora tocaba lo difícil, entrar por la ventana sin ser vistos por la calle principal. 

Tampoco nos fue muy complicado, la gente no miraba al interior de la finca. 

Cuando al fin estábamos ambos dentro, nos dimos cuenta de la inexistencia de nuestros trípodes. Habían quedado ambos en el coche. La luz empezaba a escasear pero de momento, aún eran viables las fotos tirando a 400 de ISO. 

Os juro que solo con ver el salón, ya me había enamorado. Aquellas paredes y puertas correderas de madera a juego con un pequeño set de café y la chimenea, eran el atuendo perfecto para una noche de invierno. Lástima estar en verano, y no ser tan conscientes de la bonita atmósfera que trasmitía ese salón, junto a los sillones azules chillones, pero aún así era una escena digna de fotografiar.

Usando una silla como trípode, logramos sacar algo decente de aquel spot.










Al continuar por el pasillo, encontrabas la cocina. Era de un color verde tirando a azul y el techo se estaba cayendo, o más bien volviendo al color blanco original. Tenía un toque, la verdad. 

Si me vierais apoyando la cámara en los estantes para usar exposición... Hasta encontrar las fotos perfectas y sin salir movidas. Fue muy divertido la verdad. Por desgracia, no se me ocurrió mirar las fechas de caducidad aunque, encontré información sobre los dueños de la vivienda. Ya os lo contaré más adelante.





Si continuabas, te encontrabas con el comedor, me atrevería a decir, que era la habitación más oscura de la casa y también, la que más secretos guardaba. Pues estaba repleta de llaves, sobres, cartas, esculturas y vajillas por todos lados. Aunque, al estar al contrario de la luz del sol, con las contras cerradas, era imposible hasta adivinar el color de las paredes. 

Aquí fue donde decidí el nombre del reportaje, encontré unas llaves muy curiosas que tenían un llavero con un raposo y una luniña dibujada. 












Cada detalle era mágico, incluso la lámpara de pie que se encontraba al lado del sillón, que tenía un estampado que no coincidía con la sala, o la pequeña vitrina que se encontraba en frente de la mesa del comedor. Lo que estaba claro, es que les encantaban los bordados y las telas. Las mesas y las ventanas estaban cargadas de telas decoradas. 


Por último, tenías otra pequeña sala que sin duda completaba la sintonía de la planta inferior. Al contrario que el comedor, estaba más diáfana y tenía muchísima luz, lo que le otorgaba un aura muy especial. Atentos a la cantidad de cortinas que le daban vida.







Subamos a la parte de arriba, vais a flipar al ver las escaleras por las que subimos. La increíble cristalera que nos daba la bienvenida era brutal. Dotada de colores y de armonía visual.









La primera habitación no tenía nada que mostrar, tan solo papel decorado caído y una luz muy acogedora.



Luego, te encontrabas un baño que imagino, sería el principal de la vivienda. Era de un verde lima, la verdad es que la mayoría de la casa, tenía ese color en las paredes y el baño no iba a ser menos, repleto de azulejos verdosos. 




Si seguías caminando, te encontrabas la habitación más decrépita de las 4 que componían la casa. Y llamadme loca, pero lo que trasmitía aquel lugar me atrapaba de forma que no podía apartar mi objetivo de esa habitación. Le saqué numerosas fotografías, su decadencia era increíble.








El moho negro de la almohada y el que cubría el colchón, me parecían puro signo decrépito. Sé que a los fieles del blog es lo que más os gusta ver.

Ahora vamos con la penúltima habitación, era pequeña pero chusquiña.




Y ahora, notaréis un cambio en la atmósfera, ya que vamos a la zona de la casa donde la luz del sol, incide directamente. Las fotos quedan más artísticas pero también, sufren algún destello repentino.




Esta zona de la casa estaba apartada, no sé como denominarla, pero una especie de aparador era lo único que la ocupaba y tenía libros y fotografías de la familia muy antiguas. 

Justo al lado, te encontrabas la zona de lectura, o el espacio de lectura. Que zona tan bonita, con tanta luz y rodeada por completo de libros y fotos familiares. Debo confesar que como buen investigadora que soy, me lo pase en grande en este lugar. Una vez terminado el reportaje, me puse a buscar fotos e información personal como una loca.











Apetecía sentarse allí el resto de la tarde, y esperar a que anocheciera para contemplar el atardecer desde la ventana. No había sitio en la casa que fuese más inspirador que este pequeño rincón.

Para finalizar, os presento el dormitorio principal y en mi opinión, la habitación con más encanto de la vivienda. Como no, de color lima como la mayoría de muebles y colores de pared de la misma.
No se me quita de la cabeza, aquel cabecero de cama tan particular y el revistero apoyado en la mesita. 
No probamos a ver si la casa tenía luz, porque la verdad, lejos de el polvo y el moho, podría estar habitada perfectamente.







Y como no, tenía su baño propio, de un color azul muy bonito que con el contacto del sol, tenía unos reflejos muy llamativos.




Vamos con un poco de historia de la casa. El dueño de la misma era Aurelio y su mujer se llamaba María. Según el libro de familia, él trabajaba en la rama de comercio, seguramente siendo propietario de una empresa. Aurelio nació en 1913 y María en el 17. Ambos se casaron en 1950, en su ciudad natal. No tengo ni idea de la fecha total de abandono de la vivienda, pero por las datas de las cartas, todo indicaba que desde 2001, solo frecuentaban de vez en cuando la casa para limpiarla. 



Es lo único que pude sacar de información, aunque estaba repleta de fotografías. En ningún momento, salía algún bebé o niño en las mismas. Ambos estaban casados pero sin dejar descendencia. 

Como curiosidad, eran las nueve y media de la noche y habíamos recibido dos llamadas del gerente del hotel. Casi nos quedamos sin el check-in, que era hasta las 10. Aunque sinceramente, yo me hubiese quedado durmiendo en la habitación verde lima.

En esta zona, también descubrí la iglesia más bonita que vi nunca. A día de hoy, sigue en el top 1 del ranking de matriglesias así que, si alguna vez pasáis por la zona y veis una congregación fascinante, seguramente en frente, esté O Chalet do Raposo.

Os dejo las llaves para que podáis pasar. 😵






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