EL PAZO DEL SONETO
Os traigo un lugar muy especial con una gran historia guardada en un cajón cerrado con llave.
Lo visité un par de veces y aún así, la segunda vez que fuimos; descubrimos más objetos de la casa y fotos antiguas. Es como cuando vuelves a ver una película que ya habías visto.
No sé porqué, en ambas ocasiones nos entrometimos en plena noche con cero iluminación.
Eso aumenta la adrenalina y las ganas de exploración.
Comencemos con la primera visita, nos entrometimos de noche después de cenar unos bocatas de lomo con queso, me babo de recordarlo.
Decidimos pasar la noche en el pazo y explorarlo de día con más luz.
Saltamos por un muro y nos entrometimos por las zarzas hasta llegar a la entrada del pazo. Su entrada era espaciosa y estaba llena de cajas y utensilios del jardín. Miramos las fechas de caducidad y había cajas que caducaban en 2025. Nos quedamos flipando, los dueños frecuentaban más la vivienda de lo que creíamos.
Al ser de noche, visitamos toda la estancia comprobando que estábamos solos y luego, elegimos la habitación más alejada para sentirnos seguros.
Acondicionamos la habitación con algo de luz y cerramos todas las puertas posibles para disponernos a dormir. Justo cuando cerramos los ojos, escuchamos un sonido.
Os juro que nunca me fue el corazón tan rápido, una cosa es que te pillasen en una exploración y otra totalmente, que te descubriesen desprevenida durmiendo.
El sonido fue como un batacazo, como si golpearan una ventana o puerta.
David se atrevió a bajar mientras yo me escondía entre las mantas, lo reconozco soy una cagada.
Volvió cerrando todas las puertas a su paso y dijo que no había visto nada y que podían ser las casas vecinas. Aún así, no pegué ojo en toda la noche.
A las 8 de la mañana, los primeros rayos de luz comenzaron a inundar la estancia. Decidí erguirme y mientras esperaba a que hubiera más luz, me puse a montar una maqueta del cuerpo humano con sus órganos, huesos y músculos. Me encantan estas cosas y al verlo en una cajita no pude evitarlo.
Luego, sobre las 9, decidimos levantarnos y comenzar a explorar la casa.
Vamos a comenzar con la planta inferior, donde estaban la sala de estar, comedor, cocina, habitación y baño. Creemos que fue la última planta utilizada de la casa por la señora. Sospechamos que fue la última residente, dado que los utensilios y la ropa parecían de mujer. Había una cama articulada, lo que nos hizo pensar que la última persona disponía de baja movilidad.
Múltiples objetos religiosos adornaban todas las estancias de la casa, lo iréis viendo en las fotografías.
El baño del que hablaba con anterioridad, disponía de algunos medicamentos y batas de la dueña aún colgados en el perchero. Lo raro fue no encontrar ningún cepillo de dientes, lo que puso en duda mis indagaciones.
Después, una sala muy soleada, nos dio la bienvenida. Un revistero y una pequeña bodega al lado de una chimenea que parecía de construcción reciente, nos recibió invitándonos a sentarnos y disfrutar del solecito que entraba por la ventana.
La vajilla de los estantes era preciosa, bastante antigua y estaba por todos los cajones de la sala y el comedor.
Al cruzarlo, la cocina nos esperaba con un ambiente muy oscuro y tétrico, muy diferente al de la habitación pasada. Parecía una adaptación reciente y lo confirmamos viendo los alprendes. Tenía el tejado nuevo, y la bodega, en cambio; tenía unas tejas más viejas.
La cocina destacaba por estar repleta de utensilios sobre la mesa, una lareira típica de Galicia pero difícil de encontrar en las casas actuales, y un fregadero con todos los utensilios de cocina colocados a la perfección.
Las botas situadas al lado de la mesa y el crucifijo, creaban la sensación de nulo abandono. Parecía que en cualquier momento vendría el dueño a ponerse las botas y seguir trabajando en la finca. Aunque tan solo lo parecía, la finca llevaba descuidada un buen tiempo y estaba repleta de zarzas.
El Pazo del Soneto lleva abandonado desde cerca del 2006, por las últimas fechas del calendario.
Subimos las escaleras para visitar la planta superior, nos encontramos con las habitaciones más pequeñas. La primera de ellas, contenía las camas gemelas y la segunda, otras dos camas que parecían estar en una caja de zapatos, de lo pequeña que era; junto a un pequeño vestidor. Como podemos apreciar, seguimos con símbolos y elementos católicos que se reflejan en todos los rincones de la casa. También aparatos de la época como radios antiguas y planchas un poco más modernas. En la habitación pequeña, una torre de cajas de pañales, contaban el desenlace de este lugar.
Fotos antiguas de los descendientes, la primera me parece preciosa. Esto me hace pensar que los amores de antes, ya no existen.
Cabe destacar los increíbles cuadros clásicos apoyados en el suelo que reflejaban la ganadería y agricultura, en una de las habitaciones. Estaban un poco decrépitos.
El enorme reloj de pared seguía destacando con su gran péndulo aunque ya no funcionase y estuviese desterrado a un rincón de la casa, junto a algunas alfombras.
La ventana del baño parecía recién cambiada, ya que era diferente al resto del pazo y la antigua, estaba apoyada en el suelo del baño, totalmente rota.
La habitación de la cama articulada tenía una luz muy bonita, aparte del pequeño tragaluz que se encontraba encima de la misma. La Virgen de Fátima nos saludaba desde la mesita y nos protegía en nuestra aventura.
En la otra parte de la planta superior, nos encontramos la habitación revuelta. Generalmente, todas las casas cuentan con una habitación del pánico donde almacenan todos los objetos más irrelevantes de la misma. Como no, el pazo no iba a ser menos.
Aquí nos encontrábamos más elementos religiosos, los orinales de la casa con su respectivo lavamanos, materiales decorativos y una bonita Singer con los alfileres e hilos aún sobre la mesa.
En esta habitación fue donde comenzamos a pensar que antiguamente podían vivir niños en el pazo, hace muchos años; ya que también había juegos de mesa apilados. (El del cuerpo humano con el que jugué por la mañana XD).
Nos quedaba la habitación principal, donde se encontraba una parte muy curiosa, la biblioteca.
Pero en vez de estar apoyada contra la pared, como la mayoría de los estantes en las casas; estaba en el medio y medio del cuarto. De esta forma, la habitación principal parecía que estaba escondida tras la misma. La distribución resultaba extraña. Todos los sillones estaban tapados con sábanas blancas para mantenerlos alejados de la humedad, aunque de poco había servido.
Si echabas un ojo a la biblioteca, había muchos libros sobre religión, confirmando nuevamente el catolicismo de los residentes del pazo y algunos crucifijos sagrados.
Lo curioso era la otra cama en el extremo de la habitación, había demasiados dormitorios en el pazo y seguramente, muchos eran para invitados. Me dio la sensación en todo momento, de que los únicos que vivían aquí, eran un matrimonio, al menos los últimos días.
Justo en frente de la biblioteca, se encontraba el despacho y una especie de comedor.
Es hora de desvelaros mi segunda visita al pazo, curiosamente también fue de noche junto a mi madre y mi hermano. A mi madre siempre le gustaron las casas antiguas y humildes y aunque este pazo de humilde tenía poco, le gustó muchísimo.
En este mismo despacho que os voy a mostrar, encontramos unas heces de gato (o eso pensamos, posteriormente, descubrimos que eran de jineta) sobre la mesa del comedor y en el suelo. Además había un nuevo agujero en las tablas, muy pequeño, imagino que la jineta metió la patita donde no debía y el suelo cedió. Pero repito, tan solo son especulaciones.
En esta última visita, también encontramos una esquela de una señora reciente, que podría tratarse de la dueña de la vivienda y unas fotos muy antiguas de fuertes reuniones familiares.
Y después de ver esta parte llegamos al comedor más especial y más grande de la casa, que nos resultó, lo más atrayente del lugar y nos dejó los pelos de punta. Se trata del cuarto del banquete.
Todos los diferentes objetos decorativos y fuentes de porcelana que decoraban la mesa central, eran simplemente fascinantes. Nunca había visto un comedor tan bonito, parecía sacado de una boda y seguro que para ellos, era lo más normal del mundo, al estar tan acostumbrados. Solo tengo una palabra para describirlo, asombroso.
No entiendo como los descendientes o los propios dueños si seguían vivos, podían haber dejado esta gran belleza abandonada. Lo consideraba en mi mente como un pecado capital. Tenía tantos detalles y tanta historia.
Y con esto, nos despedimos del Pazo del Soneto, con muchas preguntas y pocas respuestas del paradero de los dueños. Es cierto que parece transitado por alguien, dado las numerosas cajas de cartón reflejadas al entrar con fechas de caducidad cercanas y recientes; pero aún así es sorprendente el abandono en el que se encuentra.
¡Nos vemos pronto! 🌹🔓
Os habla la Mila del futuro, concretamente de octubre de 2025. Trayendo un horrible desenlace a este pazo. Se ha hecho tan viral, que un explorador ha robado las ropas de las sillas del comedor principal y del anexo. Dejando una nota que podéis leer en mi Instagram.
En el enlace, también descubriréis como se encuentra el pazo a día de hoy.
https://www.instagram.com/p/DQl-90PjMqM/?img_index=1


























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