LA VILLA DE LOS PATOS


A pesar del terror, que experimentamos al entrar en el terreno de la casa, y ver que estaba super cuidado, incluso con una ranita de jardín echando agua.

Una vez dentro de la vivienda, parecíamos estar absortos en ella y es que, en los años que llevo explorando, nunca había sentido tanta curiosidad por una casa.

Era extraña pero especialmente bonita.

Salimos por la puerta principal, después de que Kyze, a ver puesto su vida en riesgo, entrando por la segunda planta donde el suelo estaba en condiciones nefastas.

Si no fuera por su valentía, nos habíamos quedado a la espera de la destrucción total de Villa Patos, sin poder haberla visto antes.

Una expedición sorprendente, como diría mi padre, y sobre todo, rodeada de animalitos.










Os presento, el decrépito salón, y es que el techo estaba muy caído para poder apreciar toda su belleza. Tenía al fondo una pequeña chimenea, que parecía guardar una gran cantidad de recuerdos familiares al lado del lume.

Luego la principal mesa que contenía la sala, junto a un reloj antiguo de cuco y un sillón gastado de tanto uso, pareciera que el dueño aún continuaba allí sentado, contemplando el paso de los años.

Según abrías más y más cajones, o aparadores, te sorprendías de la cantidad de detalles y peculiaridades que ibas encontrando. Incluso, decoraban las copas de vino con perritos de yeso.











Al lado, la cocina principal y más antigua, donde presumían de una cociña de ferro, y un gran aparador, con fruteros y más decoración relacionada con los patos.







La habitación siguiente, parecía como utilizada para guardar toda la mierda, una especie de almacén como el que vimos en la parte superior, aunque más iluminado por una ventana.

En frente, el baño azul, decorado con plantas de plástico que resultaba muy acogedor. 





Al lado, la cocina, llena de azulejos cálidos y ambientación roja. Volvía a destacar la gran afición de los dueños por la decoración excesiva y colorida en la casa. Me gustó contemplar un bote diseñado a mano de "Chilindradas" y otro de "Puñetitas". Muy gallego, que es como tirando a decir de comida basura como gominolas o chocolatinas.








Según bajabas las escaleras, te encontrabas una vidriera llena de colores y luz natural, que te conducía hasta la oscuridad del pasillo principal, donde habíamos encontrado la foto antigua y unos bolis de señales, muy curiosos.




La habitación continúa estaba casi caída por completo, es donde encontramos la fotografía antigua en la parte inferior de la casa. Donde solo quedaba un sillón y una figura de un tucán, había existido una estantería a juego con unas sillas de mimbre, que me recordaron a la famosa Quinta dos Touros, en Portugal.






Justo en el intermedio de las habitaciones, se encontraba un pequeño rincón que albergaba una estantería repleta de libros y más curiosas figuras, junto a un gran baúl repleto, como no, de más juguetes.









La última habitación que contemplamos con detenimiento fue la del niño, creemos que era un varón por la excesiva existencia de coches, instrumentos musicales, libros antiguos y señales de circulación. Aquella silla llena de polvo y trozos de techo, nos recordaba la cantidad de veces, que se sentaría a jugar en su ordenador de mesa.











La habitación de al lado, también estaba repleta de juguetes, imagino que sería de los padres. La decadencia era plena y no arriesgamos a pisar más adentro.






Existen algunas veces que es mejor comenzar la historia por el final, para que el principio tenga sentido.

Después de explorar toda la casa, nos dimos cuenta de que aparte de la decoración ostentosa, lo que más destacaba con diferencia, eran los patos.

Decidimos realizar una competición para ver quien veía más, no hubo ganadores, solo curiosidad y cuatro ojos bien abiertos.


























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