LA HUIDA PALACIEGA

Imagina entrar a un palacio construido entre el 1701 y el 1734. 

Una obra repleta de arte Trompe L'oeil, es decir; una pintura que logra crear realismo y profundidad donde las obras parecen atraparte en su historia como un objeto tridimensional, donde las paredes y los techos logran cautivarte desde el primer instante.

De hecho, la zona en la que reside este patrimonio, esta repleta de otras residencias palaciegas que actualmente, se encuentran en restauración al tratarse de propiedades privadas.

El edificio fue adquirido por el patriarca de Lisboa, que lo utilizó durante años como su domicilio inundando sus detalles de gran estatus y relevancia histórica de la época.

Más tarde, la familia Burnay se apoderó de la propiedad, apodando la estructura con el apellido del legado que aún continúa destacando a día de hoy. La arquitectura barroca portuguesa junto a la elegancia de sus espacios interiores, logran dotar de protagonismo al palacio, siendo la atracción preferida de los exploradores urbanos.

La importancia del palacio se decanta en sus acabados, techos trabajados, azulejos originales e incluso en sus cuidados y extensos jardines que completan la belleza artística de la construcción.

El Conde de Burnay era conocido por ser banquero, empresario y sobre todo, joyero. Decoró el palacio con sus increíbles joyas y posteriormente, cerca del siglo XX, vendió a aristócratas junto a muebles y pinturas señoriales. 

Tras su muerte, en el 1909 y poco después, el fallecimiento de su esposa. Los descendientes intentaron subastar el palacio sin éxito pero lograron, vender las obras de arte del mismo a buen precio. 

El último funcionamiento de la estructura ocurrió en 2001, donde la Universidad Técnica de Lisboa y el Instituto de Investigaciones Científicas lo utilizó para impartir clases y dar un servicio público. Tras el abandono de las entidades, el palacio se abandonó siendo víctima de robos y vandalismo en 2021. 

En la actualidad, se anunció una inversión para la rehabilitación del palacio, que albergará un museo en Lisboa. Por ello, actualmente se encuentra vigilado, con alarma en el corazón del monumento.


En las fotografías inferiores podemos apreciar la imponente fachada con pasillos acristalados para transcurrir por las instalaciones fácilmente. Comparando la primera foto con las demás, comprobamos como la infraestructura ha sufrido actos vandálicos e incluso, ha perdido la mayoría de los pequeños vidrios.

1933

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Nada más entrar, admiramos el imponente teatro que aún graffiteado, destaca por las pinturas realistas que forman el techo y la admiración celestial. Es imposible no pensar en la cantidad de burgueses y monarcas que realizarían juntanzas en esta sala, lejos de las miradas de los curiosos. 







Continuamos avanzando por la galería, donde la cristalera había desaparecido aunque la belleza de las paredes y las columnas seguía intacta. Los muebles y cuadros habían desaparecido pero la esencia del lugar se conservaba después de décadas.

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La sala contigua se trataba de la sala de espera de las visitas, destacando por su alto techo y los detalles en madera que envolvían todo el espacio creando una atmósfera hogareña junto al color pistacho de las paredes. Apetecía acostarse en el suelo para apreciar los delicados trazos artísticos, cada detalle lucía impresionante.

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El siguiente cuarto parecía el vestuario o una especie de oficina que no dejaba de sorprender por su increíble techo trabajado. Con algún icono o paisaje portugués y los característicos azulejos dibujados transportándote a otro planeta. 




No quedaba rastro de los antiguos cuartos de los Condes de Burnay, por lo que os dejo unas instantáneas para que podáis recrearos en la época. Cuadros kilométricos, lámparas bañadas en plata y camas con dosel inundaban cada espacio del palacio.


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También contaban con el comedor, que resaltaba respeto al resto de instalaciones por la contención de sus medidas. Un cubículo con forma de óvalo cuyo techo resultaba muy similar al que componía el teatro. 


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Otro de los habitáculos, era la sala de fiestas y reuniones en la que imagino a la nobleza reunida para entablar relaciones empresariales rodeados de un ambiente de glamour y pompa.

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Componiendo la sala de archivos, se encontraba el alto habitáculo de las imágenes inferiores. Seguramente, habilitado por el Estado para un uso posterior a la estancia de los Condes de Burnay. Comprobamos que los techos han sido reformados.

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Por último, me gustaría mostraros otro de los salones que seguramente utilizaban como comedor. Volviendo a aparecer representados los ángeles como seres celestiales en el techo y compuesto por columnas fasciculadas.

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Dirigiendo la mirada a cualquier espacio, te fascinaba la belleza arquitectónica del lugar, hasta el punto de centrarte más en la exploración que en sacar la cámara. Muchas de las habitaciones estaban vacías pero aún así, tenían su encanto.
En la próxima entrada, continuaremos explorando el corazón del Burnay y el edificio contiguo, reformado para la impartición de clases. 





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