LA EXPEDICIÓN DEL CASTILLO
Me ha hecho mucha gracia el nombre del reportaje, la verdad es que no hay denominación que se ajuste más a esta exploración. Lo entenderéis ahora.
Realmente cada casa tiene su propia historia para un explorador, ya sea por la aventura vivida o por el punto de vista de la persona que ha interpretado la historia de los antiguos dueños.
Llegamos a conocer esta casa de una forma muy curiosa. Mis padres conocen mi afición a las fotos y a las casas abandonadas. Cuando desaparezco un finde o una semana, siempre me pregunta mi padre "Que vas de expedición?", seguido de un "Se necesitas focos leva o meu do choio que deixas cegos os morcegos". Para los que no entendáis el gallego, no hay traducción posible para esta frase, lo siento xD
Bueno, pues él trabaja como electricista en A Coruña desde hace muchos años y según le sale una avería tiene que ir de inmediato. Justo le tocó una zona de monte y se encontró una casa muy peculiar abandonada. Nada más llegar a casa, me dijo la zona en la que estaba y me mandó una foto. Dejo las pruebas más abajo.
Yo en esa época estaba con las prácticas del ciclo, a tope de curro en la bolera, que aún tuve que hacer horas y con el proyecto final de ciclo. Básicamente, no tenía tiempo para respirar, ni siquiera para comer y menos para hacer urbex. Fue una época muy complicada y más teniendo en cuenta, que desde que empezó el año iba al menos una vez a la semana de exploración.
Lo fuimos dejando hasta un domingo que tuve libre que ya no aguantamos más, además mi padre me preguntaba todos los días si había ido. Tenía muchas ganas de ver lo que había dentro.
Ahí estamos, la casa parecía un castillo de verdad, ahora entendía porque mi padre le llamaba así.
La maleza que la rodeaba nos llegaba hasta las rodillas y aparte, estaba el patio repleto de estas plantas que producen reacción alérgica, eran muy agresivas.
Curiosamente, junto a la fachada había una puerta metálica como de obra, lo más probable es que en algún momento pensaran en reformarla o darle una nueva vida.
Decidimos ponernos en marcha y recorrer el jardín hasta llegar al porche, no fue fácil pero lo conseguimos. E de decir que ni ropa urbex llevaba, iba de chill al ser domingo.
Una vez dentro, contemplamos que el castillo se estaba cayendo. Debía llevar décadas abandonado y al ser la estructura de madera, había cedido con el paso del tiempo, conservando solamente pequeños peldaños de la escalera.
Estábamos muy agradecidos con los puntales dado que aguantaban la estructura para no matarnos. Había un pequeño aparador de madera que aún contenía algún adorno y botella antigua completamente lleno de polvo.
No os voy a mentir, tanteamos un poco el suelo antes de seguir accediendo porque la madera se veía super negra y se podía contemplar la bodega desde la planta baja y desde la planta baja, se veía la planta superior sin suelo prácticamente. Solo un viejo armario aguantando a duras penas.
Detrás del aparador viejo, estaban los antiguos baños y la despensa que sinceramente, molaba un montón con sus ventanas antiguas llenas de cerrojos y sus acabados de madera.
Seguimos avanzando y vimos un baño junto a una pequeña cocina pero no pudimos acceder, eso parecía mordor, no había suelo funcional para pisar. Me gustaría a ver podido mirar la fecha de caducidad de esa lejía.
Luego de atravesar la madera podrida, llegamos a un suelo resistente por fin, con un curioso mosaico de escudos que confirmaban la teoría de mi padre de que se trataba de un castillo.
En una esquina, se encontraba la chimenea también de madera, con unos candelabros colgando de las paredes (o lo que quedaban de ellos). La escena junto a la ventana era muy entrañable.
Bajo el cuadro humedecido, se encontraba una colección de clásicos repleta de moho. En Galicia era complicado encontrarse libros en buen estado.
Luego, si observabas a tu izquierda te encontrabas un mueble lleno de sellos y sobres para cartas. Una gran cantidad de sobres para ser exactos. Cada vez, la fecha de abandono se antojaba más antigua.
Por último, si te volteabas encontrabas una colección aún más antigua de clásicos de la literatura española. Me dio la sensación de ser de estas colecciones que te envían cada semana o cada mes por correo.
La cantidad de telarañas y seguramente arañas que protegían esas reliquias me ponían los pelos de punta así que terminamos las fotos y decidimos situarnos en frente de la fachada para contemplar su gran belleza.
Mi padre tenía toda la razón del mundo, las ventanas de madera con los marcos rojos le daban el toque señorial que faltaba junto a los farolillos. Cuanta historia tendrían que contar antes de que dejarán de iluminar el pequeño pueblo. Además, el castillo se encontraba en lo alto del pueblo, siendo patrulla del mismo y gobernando sus alrededores.
Me encantaría poder subir a la planta superior y contemplar las vistas desde aquel balcón, seguro que valían totalmente la pena.
Decidimos abandonar el castillo, seguro que hacía muchísimos años que no recibía una visita. Regresamos al exterior no sin antes quedarnos un rato más contemplando la belleza de su fachada.
Realmente en las fotos no se aprecia lo suficiente, pero creedme que era como estar en un videojuego.


































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