O SANATORIO DE YODA

Casi abandonando la ruta, decidimos aprovechar la oscuridad para visitar un lugar bastante destrozado.

El sanatorio de Coura se cernía sobre nosotros con un encanto especial, el de la luz de la luna. Y no de cualquiera, hacía una noche espectacular. 

También el frío se apoderaba de tu ser, lo que creaba una atmósfera aún más terrorífica. Por ello, he decidido mostraros este lugar en un especial reportaje de Halloween. Viendo las fotografías y la historia del sanatorio, os daréis cuenta del porqué.


Esta institución fue construida para los trabajadores ferroviarios, convirtiéndose en el tercero del país que curaba a los enfermos de tuberculosis.

Originalmente, el sanatorio contenía un quirófano, un despacho con rayos X, más equipos médicos y contaba con hasta 40 dormitorios para albergar pacientes. 

Al poco de cerrar sus puertas, contó con un espacio para el comedor, salas de visitas, áreas privadas para médicos y enfermeros, vestuarios, galerías de curación y anexos para lavandería. 

A su vez, en la finca también contaban con una panadería propia, una porqueriza (donde se guardaban los cerdos), gallinero y tierras de cultivo.

Para los que no lo sepáis, en Portugal cerca de la década de 1930, hubo una epidemia de tuberculosis donde comenzaron a crear instituciones para recluir a los enfermos y que no se extendiese la enfermedad.

El sanatorio no estuvo listo hasta 1932, tras un retraso en las obras por falta de dinero para continuar con la construcción, además planeaban en un principio un proyecto más pequeño, con capacidad para 20 pacientes.

El coste de la institución rozaba los 4 millones de escudos, casi 500.000 euros más o menos.

El sanatorio funcionó correctamente, incluso llegando a alcanzar los 70 pacientes internados en el 1955 y más adelante, llegando hasta los 200.

Tras la Revolución de 1974, el sanatorio se vio afectado por las leyes gubernamentales, teniendo que cerrar. Además, los avances en cuanto a la medicina, redujeron la importancia de los sanatorios dedicados a la tuberculosis. 

En 1990, Coura se convirtió en un psiquiátrico pero en 2002, volvió a correr la misma suerte y en 2008, el terreno se vendió pensando en utilizarlo como un espacio de turismo y ocio. Un plan que necesitaba una inversión de hasta 50 millones de euros.

En 2014, la propiedad pasó a ser propiedad de Hacienda y en 2012, se empezaron a provocar los primeros hurtos del material de salud. Lejos de solucionarlo, el inmueble continuó sin planes de futuro y seguramente, continúe deteriorándose hasta su final.




Hoy nos entrometemos en el interior de la institución para conocer la historia que guardan sus paredes, completas de graffitis. 







Como podréis comprobar, las vistas desde allí eran increíbles, al estar en lo alto de la montaña. De hecho, junto a la noche llena de estrellas le daban un toque mágico a las fotografías.






Una vez dentro, nos gustó mucho la puerta giratoria, aunque solo funcionaba unos cuantos centímetros, luego ya no daba más de sí.




Según íbamos avanzando por los diferentes pasillos, el aura del sanatorio iba mudando. Cada vez era más escalofriante al ser de noche.










He de decir que aunque estaba muy vacío y vandalizado, algunas salas tenían su esencia. Junto al moho verde y el estado decrépito de sus paredes. 

Aunque algunas habitaciones, como la bodega, aún tenían alguna cosa en su interior.






Las puertas parecían las de una cárcel, la verdad es que acojonaban. Si los últimos años se había convertido en un psiquiátrico, seguramente habían adaptado las instalaciones a los pacientes.




Las cristaleras también estaban en su mayoría reventadas. Los chavales seguro que pasaban las noches haciendo botellones en el sanatorio, o usando una ouija para hablar con sus familiares muertos. Ya sabéis que todo es posible.

Seguimos avanzando y encontramos el mejor graffiti del lugar, aunque tampoco era muy difícil viendo los anteriores.



Y continuamos por aquellos pasillos, donde las ventanas ya no tenían cristales y el solo pensar como se debía sentir el viento en lo más alto del sanatorio... Asustaba.

Una vez con Gz, fuimos al Sanatorio de los Delirios sacar unas fotos, se nos hizo de noche dentro y aún encima, era el día de Todos los Santos. Empezó a caer la tormenta del copón y yo estaba cagada, él en cambio, andaba por el sanatorio como si fuera suyo, me costaba hasta seguirle el ritmo. Solo recuerdo que la vuelta a casa fue muy dura y a él aún le esperaban unos 30 o 40 km más.








Según avanzábamos, continuamos viendo restos de lo que algún día fue. Nos encontramos con la capilla, donde no quedaba ni la cruz. También, llegamos a pasillos cubiertos por completo de moho verde.








Antes de bajar a la zona de las tuberías y el subsuelo, encontramos una habitación, aunque solo conservaba el metálico. La verdad es que en antiguas fotografías del lugar, esta habitación se conservaba mejor, con una mesita y ropa antigua de los trabajadores. Hoy en día solo quedaba el prestigio de lo que había sido.



Para finalizar, no saqué ninguna foto a las tuberías pero si me sacaron alguna totalmente abstraída del mundo real.



La verdad es que molaban aunque no podía dejar de imaginar a ratas pasándome entre los pies. 

Os dejo con las últimas fotografías. Espero que os haya gustado el especial Halloween de este año. 

Ojalá llegar viva para el siguiente. 🎃







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