EL TORREÓN DE LOS BARCOS

 

En 1910, un empresario llamado Jerónimo decidió construir su chalet en lo alto de una colina. Siempre nos llamó la atención, se presentaba en lo alto del pueblo, al lado de la ría y sobre todo, del puerto. Las increíbles vistas desde allí debían ser fascinantes aunque a la vez, era peligroso por las personas que pudieran verte en lo alto. 

Hoy me animo a compartir su historia con vosotros dado que hace unos meses, este emblema arquitectónico tuvo un devastador final. Fruto de los vándalos, se convirtió en cenizas, siendo vistas las llamas desde los pueblos cercanos. No hacía ni un mes, que había tenido el lujo de poder visitarla junto a mis compañeros Virtudes y Sande. 






El chalet no solo imponía por su increíble torreón y la situación privilegiada en la que se encontraba, también estaba compuesto por 30 cuartos, la mayoría desalojados pero que conservaban su encanto natural y una decadencia admirable.

Fue difícil entrar al torreón, no por accesibilidad si no por la situación transitada en la que se encontraba, contando con un acceso desde la casa vecina. 

Decidimos que Virtudes tanteara el terreno, era el más astuto de los tres, pero en el momento que lo deslumbramos en el torreón, no lo dudamos. Entramos los dos a la finca asombrados por el tamaño del chalet. Nos sorprendió que a pesar de algún cristal roto, y tener la puerta principal abierta de par en par, no existían grafitis en el lugar, ni se encontraba revuelto. 








Al ascender a los pisos superiores se debía caminar con extremo cuidado, pues los suelos eran de madera y sobre todo, el de la cocina se encontraba en un estado delicado.





Al llegar al torreón nos sorprendió muchísimo las increíbles vistas desde lo alto y también, los murales decorativos que adornaban las paredes. Parecían cuadros pintados directamente en la pared que jugaban con el color verde pistacho y el rojo. Las escaleras en cambio, eran de cemento y subían en caracol hasta el torreón creando una visual muy artística. 



Justo estaba atardeciendo y las vistas desde allí se tornaron muy cálidas, deleitándonos con la suave brisa y la historia del pueblo. Los murales de la pared narraban la historia del mismo, caracterizada por el mar y los relatos de los mariñeiros que englobaban el puerto.









El chalet pertenecía a nuevos inquilinos desde hace 20 años, que pese a no alojarse en el domicilio, solían frecuentarlo y cuidar la finca.  El nieto de Jerónimo afirmó en una pequeña entrevista con la prensa, que su abuelo trabajaba en el astillero y dedicó su vida a los barcos, por eso decidió construir su vivienda en lo alto del pueblo, como si se tratase de un faro, donde podía tener el control y la visualización de las lanchas. 

De hecho, una parte de la finca del torreón, fue expropiada por la Marina para construir un centro de calibración magnética de barcos. Es decir, una instalación para la defensa de los buques, equilibrar la brújula del barco y reducir las interferencias que pudiera sufrir la radio.

A día de hoy continúa siendo un emblema, siendo de las casas más potentes de la época contando con tres baños, algo que solo los más adinerados eran capaz de tener. 

Esperemos que puedan reparar los daños transcurridos tras el incendio y que las investigaciones logren poner cara a los vándalos. 

Os dejo unas fotos trágicas del incendio, ardió lo más bonito, el torreón :(






Le daremos la despedida que se merece.











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