LA HUELLA DE CARBÓN


La Buckau Wolf N.º 12, conocida coloquialmente como la Rotopala XXL, o la gran bestia. Fue traída desde Alemania formando parte de otras cinco en el mundo.

La mina a cielo abierto fue concebida por siete grandes excavadoras, pero la más destacada fue, sin duda, la Rotopala.



Endesa trabajó en la extracción de lignito entre 1976 y 2007, ofreciendo numerosos puestos de trabajo al pueblo y alimentando la gran central térmica que reinaba en el centro, convirtiendo en una marca histórica el pueblo, similar a Springfield.

El yacimiento logró alcanzar los seis kilómetros de longitud, extrayendo hasta 261 millones de toneladas de lignito.

¿Y por qué era tan espectacular el trabajo de la Rotopala? Su peso superaba las 2.300 toneladas, rozando los 40 metros de altura y los 120 metros de longitud. Su desplazamiento simulaba al de una oruga, donde la gran rueda delantera, formada por 16 cangilones, transportaba el material, llevándolo por la cinta transportadora.

Su tarea era como una cadena, donde se excavaba, se pasaba el material a la cinta, se realizaba la transferencia a otras dependencias y, finalmente, lo que valía se enviaba a la central y el resto, a residuos.

La plantilla de trabajadores contaba con dos maquinistas que ocupaban su puesto en las cabinas superiores, su tarea era controlar el carbón desde la cinta hasta la central o a residuos; un técnico, un electricista, un mecánico y varios vigilantes de cinta, tres en la máquina y cinco abajo. Obviamente, cuando se producía una avería o desperfecto, entraba más personal.





¿Qué pasó en el 2007? Terminó la explotación minera, como ocurrió con la Nave Esmeralda. No solo se había terminado el carbón, también había dejado de ser rentable. Entonces, decidieron rehabilitar el lugar. Imagino que os sonará el relato. Decidieron transformarlo en un lago artificial de 865 hectáreas que, a diferencia de la Nave Esmeralda, funciona como lugar de interés turístico, incorporando cada año más actividades de ocio y diversión.

Pero... ¿Qué ocurrió con las excavadoras? Las cuatro gemelas de la Rotopala acabaron desguazadas y las otras dos fueron vendidas a otros destinos, quedando la única gran bestia como imagen de lo que algún día había sido una gran explotación minera, un símbolo del pueblo.

Pasaron años, mientras la Rotopala continuaba desgastándose y siendo de interés para los más curiosos como nosotros, viendo el gran deterioro año tras año que sufría su estructura metálica, expuesta a un clima húmedo y frío cada invierno, que dificultaba su supervivencia.


Hasta que en 2017, el Concello decidió darle una nueva vida, invirtiendo 250.000 euros para conservarla como patrimonio industrial.

No fue hasta finales de 2024 cuando alertaron de numerosas entradas ilegales al interior de la máquina y, dado su estado, era un riesgo al que no debían exponerse.

Así que fue en ese momento cuando empezó la reforma, invirtiendo más de un millón de euros en la restauración de la excavadora para crear el Parque de Memoria Toxo Verde, que planea ser una zona de acondicionamiento e información cultural e histórica.

Ahora podemos contemplarla limpia, con una mano de pintura metálica, iluminada y con numerosos refuerzos en la estructura. De esta forma, comienza una nueva vida, convertida en una pieza de museo al aire libre.

Hoy no solo os traigo su historia, también un antes y un después de lo que fue una de mis primeras exploraciones de un lugar que deja a todos sin palabras.


Fui en 2023, acompañada por Iván. Recuerdo que hacía muchísimo calor. Fuimos un día de semana, a la hora de comer, para evitar encontrarnos con algún segurata. Recuerdo que fue muy fácil traspasar aquel portal.

La vimos al fondo y ya impresionaba por su gran tamaño. Al llegar a sus pies, solo podíamos mirarla desde abajo, completamente impresionados.

No sabía ni por dónde comenzar. Daba respeto hasta subir, pero al cabo de un rato, la adrenalina y la curiosidad ganaron la batalla. Subí por aquellas escaleras metálicas que se tambaleaban a cada paso y exploré cada zona al milímetro.

Según íbamos subiendo peldaños y cada vez estábamos más altos, Iván decidió quedarse más abajo por su vértigo. Pero yo no me detuve, necesitaba llegar arriba de todo y ver el lago desde allí. Fue increíble.

Lamentablemente, fue imposible llegar a alguna de las cabinas. Las rampas metálicas se deshacían a cada paso y decidí no envalentonarme a la aventura.



































Un año más tarde, volví para intentar llegar a una de las cabinas. Esta vez, lo conseguí. Vimos un posible acceso por una de las escaleras. Lamentablemente, hacía un día horrible. La niebla se había apoderado del cielo, la humedad se hacía notar y pequeñas gotas caían del cielo cada vez con más intensidad.

Era imposible sacar la cámara. Tuve que conformarme con sacar alguna instantánea con el móvil. Lo malo es que mi cámara estaba rota y todas las fotos salían con una neblina peor que la que reflejaba el cielo.

Al menos, no me quedé con la espinita de poder ver una de las cabinas de control. Desde allí, te sentías como el jefe de mando. Había una completa visibilidad del lago.























Finalmente, visitamos por última vez la bestia, contemplando la restauración y el toque de pintura metálica que recubría la excavadora.

Fue divertido tener que hacernos hueco por debajo de las vallas de la máquina. Pronto estará abierto el paseo para disfrutar de la bestia reformada en su esplendor y han rodeado el perímetro con una valla para alejar a los curiosos. No sé como fuimos capaces de entrar la verdad, el hueco era reducido. 

Como había trabajadores enfrente, nos resistimos a subir a la cima por miedo a ser vistos.

Las vistas desde arriba eran diferentes, pues hace dos meses, habían derribado las cuatro torres de refrigeración, dejando a la chimenea como único punto característico del pueblo. Ahora, iluminaba sola por las noches recordándonos lo que algún día había llegado a ser.







































Y tú, ¿con cuál te quedas? ¿Con la vieja o con la nueva bestia?






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