VUELTA AL VACÍO

 

La fábrica de vacíos fue un lugar que tenía en checks desde hacía mucho. Por eso, le guardo especial cariño, aparte de ser un lugar muy sorprendente. Está recubierto de ese musgo verde tan característico y la decadencia justa para convertirse en un lugar mágico. 



Hace unos meses, volví después de más de un año de mi primera visita. Esa vez, acompañada de Virtu, que también la tenía en checks.

Pero nos llevamos una amarga sorpresa, la fábrica que conocía ya no era la misma en tan solo un año. El montón de cajas por donde habíamos entrado, consiguiendo mover un par para poder acceder, había sido desmontado por completo, rompiendo el Tetris. De esta forma, quedaba la entrada a la vista de todos. Luego habían arrancado el portalón de metal, y eso que era bien pesado.

En ese instante, me dio miedo entrar. Me fijé en que había marcas de coche cerca del portal de atrás. Habían metido un vehículo en el recinto. Comencé a imaginarme el triste final de la fábrica y, por desgracia, no me había equivocado.

Los montones de cajas habían sido movidos para poder llevarse el cableado a la vista y algunas de las máquinas pesadas para el proceso de embotellado de las bebidas. Incluso se habían llevado el metal que componía las cintas. Todo lo que pudiera ser de valor ya no estaba. Incluso en el despacho contiguo, se habían llevado la impresora y el teléfono.


La canoa y las bicicletas tampoco estaban y habían desmontado las barricadas del resto de entradas que tenía la fábrica para poder llevarse toda la cinta transportadora.


David me había comentado que el lugar llevaba abandonado más de 12 años, que se habían llevado alguna máquina de escribir del despacho, pero que le sorprendía lo bien que se conservaba estando tan a la vista. Me da mucha lástima que, en cuestión de poco tiempo, se lo hubiesen llevado todo. Al principio, inocente de mí, pensé que podían ser familiares del dueño. Dado que Demetrio, según información que encontré en Internet, había fallecido en 2016 y nadie había cubierto su puesto, simplemente se cercioraban de que la fábrica estuviese bien cerrada durante años.

Pero al entrar y ver lo mal que la habían tratado y el destrozo provocado, me quedó claro que, primero, se las habían ingeniado para echar una visual y luego habían venido con un vehículo para llevarse todo lo de valor y venderlo como chatarra.

Duele mucho ver lugares a los que les coges tanto cariño; te apegas a la historia del mismo, descubres la vida de los dueños, disfrutas de cada detalle, fotografías cada rincón y, finalmente, creas un vínculo con el sitio, acabar de esta forma.

Cuando regresas y ves cómo ha empeorado, te sientes como si una parte de ti fuese herida. Es una sensación desagradable y triste. Te sientes impotente y, a veces, hasta culpable por haber subido fotos del lugar, por haber entrado y poder haber llamado la atención o simplemente por haberlo visto en su mayor esplendor.


En los últimos años, me he dado cuenta de que el Urbex tiene más cosas malas que buenas. Cuando sale bien, lo disfrutas un montón, lo vives y lo sientes como una verdadera aventura, pero cuando sale mal, puedes meterte en un buen lío, gastar de más, esforzarte para nada, sentirte superado o, en este caso, impotente. Creo que todos los que nos fascina la exploración hemos sentido este sentimiento alguna vez y es imposible de evitar. Los lugares tienen fecha de caducidad y no a todos les augura un futuro próspero, una reforma o una nueva vida.

Muchas personas prefieren no regresar a los sitios que visitan, tan solo para evitarse una increíble decepción, pero cerrar los ojos tampoco es una solución. Debemos respetar los lugares y ser conscientes de la importancia de conservar su belleza. Porque el paso del tiempo ya pone de su parte para derruirlos poco a poco, no hace falta acelerar este proceso.

Os dejo las fotos de la fábrica en la actualidad, pero antes, debéis echar un vistazo a cómo estaba hace un año.


LA FÁBRICA DE VACÍOS 



































































Comentarios