EL CIRCO DE LA CORONA



Los pueblos muchas veces quieren hacerse con el poder y ser dueños de todo lo que les rodea. ¿A quién no le gusta mandar y poder tener el control de sus habitantes y de todo lo que entra y sale?




Pero incluso llegar a tener tu propia moneda e impuestos... Ya es soñar a lo grande.

Coged palomitas y sentaros, porque el reportaje de hoy va para largo.

Un cura llamado Silva tuvo la ambiciosa idea de crear un hogar para sus niños, pero no para sacarlos simplemente de la pobreza. Su finalidad era mayor que eso; quería transformar la sociedad que le rodeaba.

Comenzó con tan solo 11 niños, siendo él, el alcalde de Benposta, en plena dictadura franquista.

Imagina ser un niño de 12 años que acaba de llegar a Benposta. Debías aprender a relacionarte, desenvolverte y contribuir con la sociedad que te rodeaba. No tenías que ser huérfano; también acogían a niños de familias con pocos recursos o en situaciones complejas.

Por tus labores, después de asistir a las clases, te pagaban en coronas. Era una especie de compensación y, además, tenían su propia organización, funcionando como un sistema.

Aprendías un poco de todo, desde mecánica, cocina o electricidad. A cada uno se le enseñaba desde el ámbito que más se adecuaba a sus cualidades.







Pero no solo se trabajaba con las manos. Para los más artísticos y para aquellos que nacían con una especie de don, estaba el circo. En la cabeza de los pequeños debía de ser inimaginable pasar de una familia humilde a visitar un montón de ciudades de un día para otro y conseguir que la gente te idolatrase. Una experiencia inolvidable.











Incluso podían llegar a ocupar cargos dentro de la administración política de la comunidad. Ese fue el caso de Bartolomé Pidal, uno de los muchachos.

Pero no todo era un camino de rosas. Las tareas eran muy exigentes con los muchachos y, además, la jerarquía estaba muy marcada. Si uno no funcionaba, caían todos.

¿Cuál era su idea? ¿Qué quería exactamente transmitir?

Autonomía.

Tan sencillo como eso. Pretendía que los niños pudieran asumir responsabilidades y ser conscientes de sus actos, como si tomaran decisiones adultas y complejas.

Aunque los niños crecían y era inevitable que se plantearan si su autonomía era real o simplemente una máscara que ocultaba a su verdadero e incuestionable líder.

Finalmente, en 2004 todo explotó, enfrentando a Silva con profesores y antiguos alumnos.

Pero un momento, ¿qué hay de la locura de tener tu propia moneda?

Se llamaban coronas y formaban parte del sistema de pago de toda la comunidad. Los muchachos las utilizaban para participar en actividades y generar recursos.

Muchos trabajaban en un sistema de reciclaje que consistía en recoger trapos, papel, botellas y chatarra. Obviamente, fuera de su comunidad. De esta forma, financiaban el pueblo y sus actividades antes de llegar al estrellato.

¿Por qué al estrellato?

Pues porque una de sus actividades más representativas y codiciadas fue la creación del circo, en un principio concebido como parte de la educación de los niños.

Lo que comenzó siendo un pasatiempo se convirtió rápidamente en un espectáculo que se consolidó viajando por medio mundo. De ahí surgió la escuela de circo, creada en 1963, y cuya primera actuación tuvo lugar en 1966, en la ciudad de Barcelona.

Era increíble pensar que de una pequeña comunidad independiente de apenas unas decenas de habitantes pudieran surgir muchachos actuando en Nueva York y cumpliendo sus sueños.





Llegaron a ser hasta 100 muchachos formando la compañía. Era curioso pensar que, cuando formaban la pirámide, los fuertes estaban abajo, los débiles arriba y el niño ocupaba la cima. En el fondo, representaba no solo una pirámide acrobática, sino también una pirámide jerárquica y social.

Para muchos muchachos, Benposta no fue una etapa de su vida, sino su vida entera.

Uno de ellos contaba que se había casado bajo las lonas del circo, con el padre Silva oficiando su boda, y que allí acabó formando una familia con tres hijos.






De Benposta, salió una cantidad considerable de fotos, películas, programas, grabaciones y todo lo que te puedas imaginar.

De hecho, hace unos años sacaron un documental en Amazon Prime. Si os interesa la historia de Benposta, ya sabéis qué hacer.

De esta forma, consiguieron conservar las fachadas originales, o al menos respetarlas al máximo, como símbolo de respeto y admiración por lo que algún día había llegado a ser.

Benposta nació con Franco al mando, es una realidad. Tenía pasaporte, moneda, aduana, leyes y elecciones, como España, pero siendo un pequeño pueblo.

Resultaba extraño que se permitiera esta práctica, pero su aceptación se debía, entre otras cosas, a que el proyecto tenía una base cristiana y a la posición de Silva dentro de la Iglesia. Aun así, tuvo algún enfrentamiento con ella.

A partir de aquí, la historia se vuelve más interesante. Os dejo acomodaros en el sillón.

A finales de los 90 y principios de los 2000 comenzaron a surgir denuncias graves relacionadas con la comunidad. Entre ellas, malos tratos hacia los muchachos, conflictos con profesores, como hablamos antes, y problemas relacionados con algunos menores acogidos, entre otras cuestiones.

Además, pocos de los muchachos de las primeras generaciones quedaban en la comunidad; la mayoría se habían marchado, dejando atrás su pasado.

Así que la utopía fue encaminándose poco a poco hacia su final.

¿Y qué es de Benposta ahora?

En 2004, quedaban 25 alumnos. La escuela cerró y, con ella, los talleres, el bar y el acceso directo a la Iglesia. Los profesores fueron despedidos y comenzaron a discutir por el futuro de las instalaciones.

Incluso hubo una batalla por los terrenos y, sobre todo, por la parte que ocupaban el hotel, de reciente construcción y que nunca llegó a abrir, y la gasolinera de enfrente. A día de hoy, permanecen vandalizados.



























En 2024, pudimos ver con nuestros propios ojos lo que queda de Benposta. Después de pasear por el pueblo durante unos minutos, por fin dimos con alguien que se ocupaba del mantenimiento de la fachada de su casa. Nos saludó sin muchas ganas de entablar conversación, pero al decirle que veníamos de Coruña, se abrió a nosotros, ofreciéndonos enseñarnos el circo y contarnos un pedazo de su historia. Las ovejas nos estuvieron persiguiendo durante toda la visita, haciéndonos de guías turísticas.













Mientras visualizábamos cómo las lonas del circo iban desgarrándose con el paso del tiempo, dejando que la luz del sol llenara de halos los vestigios de lo que algún día había sido, llegaron unos motoristas que robaron la atención del señor.

La conversación acabó convirtiéndose en un debate político y, mientras estaban absortos en la conversación, aprovechamos para irnos sin ser vistos. Aunque, en nuestra huida, nos encontramos con uno de los antiguos muchachos. Lo reconocí por un vídeo antiguo que había visto en YouTube.





El señor del tour nos había comentado que estaban replanteándose abrir de nuevo la ciudad a los ojos de los curiosos y crear entradas para poder conocer más de la antigua historia de Benposta.

La verdad es que dudaba que el proyecto se hiciese tangible, pues durante nuestra visita el lugar parecía muy dejado y deshabitado. Es triste ver morir a un pueblo entero.

Al menos el sueño de Silva pudo cumplirse, aunque la utopía y la falsa sociedad propia duraran lo mismo que una carrera universitaria.





Esta exploración fue muy diferente a las demás, pues fue más una visita guiada que un lugar explorado por libre.

Tenía una atmósfera sombría y cambiante, aparte de que parecía tener memoria en su interior. Era triste ver cómo el reloj que decoraba la fachada de la iglesia estaba detenido a la misma hora y que así seguiría siendo durante años y años.









También me entristecía ver cómo algunas de las casas donde vivieron los muchachos ahora no eran más que ruinas y recuerdos olvidados.



Encontré algunas imágenes antiguas de Benposta para adjuntar al reportaje.
















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