Voy a relataros mi primera experiencia paranormal en un abandono. Así es como empezaría cualquier vídeo chorra de YouTube para captar tu atención. Marketing, señores.
Pero lo cierto es que debo contaros lo que me pasó en esta casa, porque fue muy extraño.
Llevábamos una ruta muy movida, con muchas ubicaciones que tuvimos que descartar por culpa de una figuitis ocasional, algo que nos hizo perder mucho tiempo.
Aunque esta casa no queríamos saltárnosla. Al entrar, lo primero que pudimos contemplar fue el salón, muy pequeño y oscuro. Aún conservaba las muletas de la última habitante de la vivienda y una tele enana que estaba rota.
Al ver la primera habitación, se me heló la sangre: había una muñeca muy tétrica sobre la cama. Me dio muy mal rollo. Tenías que salir de esa habitación para acceder al resto de la casa, ya que estaba como apartada de las demás.
Luego, vimos una habitación con unas fotos de la señora sobre la mesita, todas iguales. El siguiente cuarto era el de los trastos y la caja fuerte. Aquí encontramos revistas antiguas y muchísimas fotos familiares y postales que nos permitieron conocer un poco más a sus descendientes.
Al lado del baño se encontraba la habitación principal. Al entrar, me dio muy mala vibra de nuevo.
Esta habitación estaba compuesta por un espejo, un armario, la cómoda y la cama. Era muy sencilla. Colgado en el armario había un abrigo negro de mujer, largo. Justo me puse al lado para sacar una foto general del cuarto cuando el abrigo se desprendió de la percha y cayó sobre mi cabeza.
En ese momento, del susto, eché un grito que dejó a los demás alerta. Les conté lo del abrigo mientras me lo sacaba de encima y salía corriendo del cuarto. Se rieron de la situación como si no hubiera pasado nada, pero yo me había quedado con el mal cuerpo. Sentía que la señora no me quería en su casa. A excepción de las fotos familiares, no había tocado nada más y, después de lo que había pasado, no iba a tocar absolutamente NADA.
Visité la última estancia, también separada del resto de la casa. Era una cocina con su comedor. Era precioso, con esas contras verdes, aunque entraba tan poca luz, dado que la maleza tapaba las ventanas, que era difícil percibir su encanto.
Me resultó curioso que la entrada de la cocina destacara del resto de la casa. Tenía una especie de cortina antimosquitos que nos daba la bienvenida. Me despedí de la casa sin sacar muchas más fotos y me quedé sentada en el exterior, negándome a entrar de nuevo.
Luego, Sande salió y le conté lo que había pasado. Este se descojonaba de la risa, diciendo que había sido él quien colgó el abrigo allí para sacar una foto y que los fantasmas estaban en mi cabeza.
Así que el fantasma del abrigo había resultado ser Sande.
Igualmente, no quise volver a entrar en la casa. Al menos, hasta hace un par de semanas, cuando volví para enseñársela a mi madre. Me entristeció verla más destrozada. Os dejo un par de fotos; ya era de noche.
Y os preguntaréis, ¿cuál es la historia de la casa? La cantidad de exploradores que han entrado y los pocos que se han molestado en conocer lo que hubo detrás del abandono.
La familia eran los Vieira y la casa se abandonó tras la muerte de la dueña. Sus hijos se habían ido a vivir a Brasil, por lo que nadie se había responsabilizado de la vivienda. Lleva unos diez años abandonada, o incluso diría que más.
Había muchísimos recuerdos familiares. Generalmente, es lo primero que se lleva la familia. Me he encontrado con casas en las que no quedan fotos ni prendas de vestir, señal de que, al menos, se habían preocupado de salvaguardar los recuerdos. En este caso, estaba todo tal cual.
Bernardina era la dueña de la casa, trabajaba como costurera y cayó en depresión tras la muerte de su marido. Apenas salía de casa y era muy reservada. Su marido era soldado y murió durante una de las temporadas en las que estaba fuera. Imaginaos lo duro que tiene que ser ver a tu marido irse sin saber si volverá sano y salvo o si volverá en una bolsa negra. También, encontré un carnet que ponía el nombre del señor de la casa. Gracias a ello, descubrí que formaba parte del Gabinete de Imprensa de la ciudad y que en 1989, había ejercido como presidente.
Lamentablemente, la casa ha sufrido numerosos robos y actos vandálicos desde que se dio a conocer en el mundillo del urbex. Cada vez está más cerca de un oscuro final del que nosotros también somos partícipes.
Esperemos que Bernardina, esté donde esté, siga conservando sus recuerdos en su mente para que nunca sean olvidados.
Os dejo una instantánea que pude tomarle al fantasma del abrigo.
Por cierto, ¿encontrásteis a Bernardina en las fotos del reportaje? 🫣🎃
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