LA CASA DE LA PARRA

Antes era más común que hoy en día; las casas estaban adornadas por la planta de las uvas o protegidas por ella, depende de la perspectiva. 

De hecho, mi tía aún conserva una parra en perfecto estado que enlaza el garaje con su hogar. Esta casita me recordó a la de ella; pequeña, humilde y con una parte hecha de piedra.

Teniendo en cuenta que en la anterior ubi solo nos encontramos un gato muerto... Aún tenía el disgusto en el cuerpo y no me esperaba tener suerte, pero conseguimos entrar en la casa después de darle unas cuantas vueltas.



Lo primero que vi fueron unas cortinas de flores que daban paso a un salón acogedor, con los sofás de color rojo gracias a las fundas. Al lado de la ventana, había un mueble de madera con alguna foto familiar y varios bestsellers. También vimos una factura del 2007, haciéndonos una idea de la fecha de abandono.





Me dio la impresión de ser la típica casa de los abuelos, donde sus nietos se criaron y fueron creciendo hasta hacerse mayores. El desenlace, desgraciadamente, es fácil de imaginar.

De hecho, una de las imágenes mostraba una foto familiar con las cortinas blancas de flores al fondo.



Aún parecía que las almas de los dueños seguían reunidas en aquel rincón a oscuras de la sala, sentadas en los bancos mientras conversaban sobre recuerdos de su vida.



El viejo televisor estaba repleto de polvo. Encima tenía un viejo TDT; no sé si os acordáis de ellos. En la época de 2005 eran la única forma de ver los canales de televisión, sustituyendo a la tele analógica. De esta forma tenías dos mandos: el de la televisión, simplemente para encenderla, y el del TDT. Su uso solo duró unos cinco años, pues las nuevas tecnologías ganaron terreno.










Terminando con el salón, vimos la pequeña cocina. El mobiliario era de color azul marino, con un aparador que destacaba por su vajilla antigua. Se veía más moderna que las que nos solemos encontrar. De hecho, hasta contaba con lavavajillas y microondas.






La casa no destacaba por una amplia decoración, pero se agradecía encontrar algún detalle personal.

La vegetación comenzaba a asomarse por las contras de la cocina.

Al llegar a la puerta de entrada, había una despensa llena de telarañas y, enfrente, un garaje que conservaba un par de bicis, algunas herramientas y más juguetes que confirmaban mi teoría.

Subimos a la planta de arriba, topándonos con unas cortinas de colores que daban paso a otro salón. Tenía mucha más decadencia que la planta de abajo, seguramente porque no la habían reformado. El techo comenzaba a caerse a pedazos mientras que el suelo se notaba inestable. 

Era muy pintoresco, con esa mesa redonda central que lucía un mantel de colores, aquella lámpara que colgaba del techo por pura magia y los cuadros antiguos.





Justo al lado había un aparador de madera que desentonaba con el mobiliario anterior, siendo de un color más apagado.





En el cuarto anexo, se encontraba una habitación de dos camas que parecía una caja de zapatos y, para colmo, era muy oscura, teniendo que andar con pies de plomo por el estado del suelo.




Continuando por el pasillo, las condiciones de la casa volvían a cambiar, mejorando su estado. Vimos la habitación, en mi opinión, más bonita de la casa, donde la luz comenzaba a incidir, aportando algo de vida al hogar. 





Finalmente, en la parte derecha, había un pequeño escalón que daba a un baño repleto de azulejos de color beige, con algún detalle floral que seguía la estética de la planta de abajo. Dejando atrás el aseo, dábamos a la zona diáfana de la vivienda, que parecía estar a medio reformar, quedando finalmente en el olvido.









Como conclusión, ¿qué creéis que pudo ocurrir para que la reforma quedara a medias? Os dejo elaborando vuestras hipótesis.





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