EL BAÚL DE LAS MEMORIAS

Muchas veces, el silencio es el único habitante en las casas.
Todo el mundo desaparece y lo que permanecen son los simples recuerdos.

Seguro que os suena esta historia.

Recuerdo que el sol abrasaba aquel día, en pleno abril y aún recién llegada la primavera.

El trío calavera entró a la vivienda sin saber lo que iba a encontrarse.

A pesar de las zarzas que rodeaban la vivienda, se dibujaba un sendero antiguo a través, de los restos de gravilla.

Subimos las escaleras traseras, encontrándonos la mitad de un cuchillo, recuerdo que se me pusieron los pelos de punta. 

Una vez en la entrada de la humilde morada, pudimos ver unas garrafas llenas de orina en el fondo del pasillo. Nos miramos entre nosotros sin pronunciar palabra, todo apuntaba a okupas.







Con delicado sigilo, examinamos cada estancia, hasta tener la seguridad de que nos encontrábamos solos. Suspiramos aliviados a lo que escuchamos una voz murmurar: "O okupa non ta', pero o seu pulmón deixouno aquí". Y efectivamente, uno de los dormitorios cercanos a la puerta principal, estaba repleto de cajetillas vacías y cenizas, decorando el montículo de cigarros.




Al lado de la cama, se mantenía el chaleco reflectante colgado del cabecero, como a la espera, del regreso de su propietario.




Todo apuntaba a un inesperado cambio de "residencia".

Continuando por los diferentes cuartos, contemplamos la cocina, con una decadencia enamoradiza, donde averiguamos la fecha de abandono, y también, vislumbramos la vieja vajilla.










El baño tenía la misma estética que la cocina. El color verde lima reinaba por los habitáculos creando una atmósfera que transmitía esperanza y seguridad. Ambos atributos, que deberían aportar cualquier residencia. 




La naturaleza comenzaba a dar sus frutos, apoderándose de lo decrépito.


En penúltimo lugar, se presentaba la estancia principal, la habitación de los padres, completamente desvalijada con el característico crucifijo colgado sobre el cabezal y de nuevo, marcando la protección sobre los distinguidos dueños.
La brisa primaveral marcaba su presencia, deslizando los trozos de tela, de las cortinas que adornaban la ventana.





Finalmente, el salón brillaba ante nosotros, con una estética diferente al resto de los habitaculos.
Por excelencia, el primer plato.

Lo primero que destacaba era la televisión antigua, como dice mi padre, "las teles culonas" de antaño, con el tapete de ganchillo encima.






Después, desviamos la vista al reloj apoyado con cautela sobre el sofá y a su lado, el mítico cuadro antiguo que estamos cansados de ver en casa de nuestros abuelos. 




Finalmente, la atención recaía en el aparador, repleto de más vajilla de colección y con los cajones a revosar de documentación de la casa, facturas, recibos del Banco...
Lo más sorprendente para mí, fue descubrir una cajita de madera repleta de fotografías.





En ellas, aparecía un gran número de personas. Seguramente, se trataba de un núcleo familiar importante. 

Una teoría comienza a formarse en mi cabeza, los bisabuelos podrían haber sido militares o concedieron en su día, servicio a la patria. Visto las fotografias del hombre uniformado datadas en años atrás, impresas en blanco y negro.





Seguramente, los abuelos eran los reflejados en el cuadro principal, el qué comentamos antes, sobre el sofá.




Los padres, serían los que aparecían en las fotos, junto a los hijos a su lado. 




Es muy probable, que tras el fallecimiento de ellos, los descendientes abandonarán su herencia, continuando sus vidas en el centro de la ciudad y dejando sus memorias de lado, centrándose en su presente y dando parón, al linaje familiar. 

Es curioso el desapego por sus orígenes y el descuido de sus bienes. Aunque, como decía al principio del reportaje, esta historia se repite en tantas ocasiones, que ya he perdido la cuenta.

Algunos se desapegnan de su pasado, y otros disfrutamos entrometiéndonos en las memorias y vidas pasadas de estas familias. Curioseando sus recuerdos e imaginando las causas de abandono y su paradero.










Poco tiempo después, volvimos a la vivienda y contemplamos que se encontraba en el mismo estado.

Nos cuadraba de paso, pero el susto que nos llevamos...

Un gato estaba haciendo de las suyas, creo que se asustó él más que nosotros. Pues como bien sabéis, les gusta dar zarpazos y se divierten viendo los floreros precipitarse. 
Después de su huída, a través de mis piernas, como en las películas de comedia, intentamos dejar el salón como lo habíamos visto, la primera vez.

Como curiosidad, vimos papeles de una institución abandonada que coincidia con un check previo de la ruta. El mundo es un pañuelo.

Cerramos el baúl, dejando los recuerdos descansar en paz y armonía, y también, al nuevo okupa de la casa. 🐱 






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